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Los que tienen experiencia dicen que el tener control de grupo es
una de las cosas más difíciles de lograr por los maestros cuando
comienzan. El consejo es “O te los ganas, o te comen vivo, y estas
frito.” Si no hay control de grupo, no se puede dar el proceso de
enseñanza aprendizaje, se invierte mucho tiempo tratando de
disciplinar a los muchachos, y el tiempo que queda no da para
arrancar la clase.
Con salones de 25 estudiantes llenos de energía, con diversas
necesidades de aprendizaje diversos, sin muchos deseos de
concentrarse en la tarea inmediata, y con la estructura tradicional
de sentarse en fila y no hablar, el reto que enfrenta el maestro es
enorme. Además de conocer bien el reglamento del estudiante del
Departamento de Educación y las normas de la escuela con respecto a
la disciplina, es importante preguntarnos cuál es nuestra visión
personal como maestro de lo que es disciplina, que quiere decir
portarse bien o mal.
La sociedad ha cambiado en muchos aspectos, y uno de ellos es que ya
no existe el concepto tradicional de que a los mayores se les
respeta por su autoridad, ya los jóvenes no aceptan fácilmente
órdenes. Es natural que exista el reto a la autoridad, sabemos que
es parte natural del desarrollo de las personas como individuos.
Por una parte, se puede ver algo positivo en este cambio, ya que
podría indicar que los jóvenes ya no aceptan lo que se les dice por
que si, por que otro dijo que tenia que ser así. El cuestionarse las
reglas, y el porque las cosas son como son es indicador de
pensamiento critico, y es una destreza fundamental para vivir en una
sociedad democrática. Por una parte no se debe perder el respeto
hacia las demás personas no importa la edad que tengan, siempre hay
que mantener una actitud de escuchar a los demás, darle la
oportunidad, responder de forma racional, y llegar a acuerdos, eso
es lo que queremos desarrollar en nuestros estudiantes, y tenemos
que modelar esa conducta para ellos. No queremos ser demasiado
severos con los estudiantes, ni tampoco demasiado laxos de forma que
cada uno haga lo que quiera y resulte en un caos. Hay que buscar un
balance, una estructura clara de relaciones y conductas en el salón
de clases en la que establecemos unas normas de forma colectiva para
lograr el fin que todos queremos, aprender y formarnos como mejores
personas para la convivencia responsable y productiva en nuestra
sociedad.
En nuestra sociedad moderna están surgiendo otras visiones de lo que
es la disciplina en la crianza y en el salón de clases. El problema
de la disciplina no es que el niño se está portando mal, sino que
está dejando de aprender y no deja aprender a los demás con su
conducta. Es importante mantener el foco siempre en la finalidad de
estar en la escuela: aprender, y no en el muchacho y su
comportamiento. Excepciones a esto son casos de conducta violenta,
y altamente disruptiva, que ya requieren intervención de otros con
más experiencia. Los problemas de disciplina pueden verse como
producto de muchos factores, de la enseñanza en el hogar, de la
rigidez de la escuela, la falta de motivación que provoca el mismo
proceso de enseñanza y aprendizaje.
Sandra Macksoud López
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