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Es mi primer día como maestro en un salón de clases.
Pasan por mi mente un sin número de pensamientos. Hoy comienza un
gran reto en mi vida, hoy tomo las riendas de mi labor como maestro.
Voy a enfrentar nuevas situaciones, a desafiar todos los
obstáculos que vienen a mi mente. La ansiedad me hace preso en
sus brazos, la inseguridad me hace tambalear. Me pregunto:
¿cómo será la relación que tendré con mis estudiantes y con mis
compañeros maestros? ¿Tendré la estabilidad emocional y la
proyección y el control de grupo necesario para que mi mensaje
llegue a mis estudiantes? No conozco a ningún compañero maestro, al
director o padre alguno. ¿Qué recursos tiene la escuela? ¿Cómo puedo
tener acceso a esos recursos? El ambiente es desconocido para mí y
vivo momentos de intensa alegría, pero también de profundos miedos.
Es una mezcla de sentimientos que se apoderan de mi ser, que se
siente rico y tenso a la vez haciendo que yo quiera comenzar lo más
pronto posible mi tarea como educador y explorar todo lo que me ha
motivado esta gran gama de emociones.
Al comenzar mi labor en
la enseñanza,
los retos que se me presentaron en mi primer día de clase se
agigantan cada vez más y a esos se le añaden otros más. Es un
verdadero desafío ser maestro en Puerto Rico. Las condiciones de
trabajo no son aquellas que yo había imaginado. Los
recursos que tenemos en las escuelas son inapropiados o de difícil
acceso. No hay los materiales idóneos para poder presentar mis
clases. Me siento perdido. Algunos maestros me ayudan en lo que
pueden, pero ellos tienen sus propios compromisos. Todo se hace tan
difícil. La desesperación comienza a adueñarse de mí. Me
siento desfallecer. Quiero dar lo mejor de mí, pero me hace falta
algo o alguien que me ayude. Desde lo más adentro de mi corazón
surge la interrogante;¿Qué clase de maestro quiero ser? ¿Qué
significa ser un maestro de alta calidad? Podré?
Es necesario que yo
analice
cuál es mi filosofía como maestro y cómo encaminarme hacia esa
dirección puede ayudarme a realizar mis metas. (Aquí puede
haber un enlace con lo que esta haciendo Emma acerca de la
reflexión. Quiero ser un maestro de alta calidad, no por tener un
título o por vanidad, sino porque así me puedo desempeñar en mi
labor con toda mi capacidad profesional lo cual me servirá para
sentirme seguro, cómodo y satisfecho. La alegría que nos
produce el estar satisfecho con nuestro trabajo se traduce en altos
niveles de producción, en no sentirnos cansados y nunca decir no
puedo.
Otros de los aspectos
que me hizo reflexionar en mis primeros días de maestro fue cómo el
ambiente cultural marcaba diferencias entre los estudiantes, y entre
los estudiantes y el maestro. Los intereses individuales eran
diversos. Mi manera de pensar no cuadraba con lo que se presentaba
allí(en que forma?). Había que concentrarse en
cómo adquirir nuevos niveles de tolerancia, comprensión y
sobre todo sentido humano para¿?? No sólo enseñaba una materia,
ahora el significado de lo que es un verdadero maestro comenzaba a
cambiar. Cada día notaba cómo se le iban añadiendo más y más tareas
a mi labor como maestro. Sin embargo también comencé a notar cierta
satisfacción en lo que hacía, pues no hay nada mejor que ayudar,
sentir el calor humano y convertirse en parte de una
comunidad. Mi recompensa fue el amor.
Pensarán que mis
experiencias han sido algo malo para mí, pero no es así.(otra
forma-
Pensarán que mis experiencias fueron bien difíciles, pero Gracias a
ellas he aprendido y me he convertido un buen maestro.
El oro se forja con el fuego. Nosotros somos oro por el gran valor
que tenemos gracias a nuestra profesión y a la importancia que
tenemos en la sociedad. Todos los seres humanos doctores,
científicos, abogados, gobernadores etc., han pasado a través
las enseñanzas de un maestro. ¡Qué importantes somos! Nos forjamos
con el fuego de todas las adversidades que encontramos en nuestro
camino, para terminar siendo una prenda fina, bien elaborada,
brillante como el oro, para decir con gran orgullo: ¡SOY UN MAESTRO!
Rafael Figueroa Monserrate
*Texto editado por
Adriana Gutiérrez Pacheco
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