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“Soy maestra de
educación especial, mi primer año trabajé un status probatorio en
una escuela especializada para niños con impedimentos múltiples. Me
llevan a mi salón que consistiría de un almacén de libros, con un
escritorio colocado frente al estante de los libros y una silla.
Atendería ocho estudiantes que además de presentar algún impedimento
de movilidad, o sea utilizaban silla de ruedas o andadores,
presentaban algún impedimento en el aprendizaje.
A duras
penas podían entran sin tropezarse para acomodarse conmigo en el
“salón de clases”. No tenía materiales para trabajar, ni siquiera
una pizarra. ¿Entonces, qué hacer? Darle rienda suelta a la
creatividad. Durante los primeros días comencé a leer los planes
educativos de los estudiantes, para así conocer sus condiciones y/o
impedimentos y de igual manera conocer el plan de servicios de los
estudiantes. Pasé por los salones, los visité, interactué con ellos
en la sala de clases regular, realicé mi horario de servicios, entre
otros detalles.
Cada noche en
mi casa preparaba para esos estudiantes actividades especiales,
distintas, individuales, eran ocho planes diarios individualizados
que cubrían las áreas de matemáticas y español. Pero eso no es nada,
al año siguiente cuando comienzo en una nueva escuela elemental, con
un status probatorio, ¡sorpresa! Tenía solamente cuatro expedientes
supuestamente completos y más de una docena de estudiantes en espera
de servicios, de que se le completara su proceso de referimiento al
programa de educación especial, redacción de programas educativos
individuales iniciales, referidos a evaluaciones adicionales,
terapias o transportación. Aunque el salón era mucho más cómodo, al
menos podía tener cómodamente a cinco estudiantes interactuando por
hora, mis nuevos compañeros compartieron parte de sus materiales, el
trabajo que me esperaba no era nada sencillo.
Jamás había
trabajado con referidos a los servicios suplementarios, con
referimientos al programa de educación especial, etc. De más está
decirle que llevarme las manos a la cabeza fue lo menos que hice. De
ahí en adelante mi historia como maestra, como educadora, como
profesional en el área de educación especial cambió completamente.
No
bastaba lo que aprendí en mi bachillerato, tenía que buscar apoyo,
personas de más experiencias que me dijeran cómo llenar los
documentos, a dónde tenía que enviar a los padres de mis estudiantes
para que le realizaran las evaluaciones, a dónde dirigirme para que
mis estudiantes recibieran sus terapias y su transportación, en fin,
mil cosas que aprendí, más mil cosas que sigo aprendiendo cada año.
Hoy cinco años después, tengo en mi sala de salón recurso 24
estudiantes registrados en el Programa de Educación Especial, con un
aproximado de 80 por ciento de estudiantes recibiendo todos sus
servicios educativos y suplementarios… Así que llevarse las manos a
la cabeza, a veces sí funciona...”
Esos fueron mis
inicios como maestra de educación especial de eso hace cinco años.
He conocido y entendido que
la educación especial es dinámica y cambiante, que no basta
lo aprendido durante mis años de bachillerato, sino que esta
vocación que había elegido conllevaba mucho más tiempo que las siete
horas diarias de jornada de trabajo.
Cada estudiante es distinto y los medios para educarlo son de igual
forma, distintos, y deben estar basados en las necesidades,
fortalezas e intereses que muestren cada uno. El llevar a mis
estudiantes a un proceso de normalización óptimo es y siempre ha
sido mi mayor deseo.
Cuando los educadores u otros profesionales en Puerto Rico nos
referimos a la Educación Especial, esta significa una educación
especialmente diseñada y gratuita, orientada a cumplir con las
necesidades individuales del niño o niña con impedimento. La
educación especial incluye educación en sala de clase, en el hogar,
en hospitales y otros ambientes, además de Educación Física
Adaptada. Para que un niño o niña sea elegible para participar del
Programa de Educación Especial debe evidenciar tener retraso mental,
impedimentos auditivos (incluyendo sordera), impedimentos del habla
y lenguaje, impedimentos visuales (incluyendo ceguera), disturbios
emocionales, impedimentos ortopédicos, autismo, daño cerebral
traumático u otros problemas de salud y problemas específicos de
aprendizaje. Esta lista de impedimentos está basada en la
información que provee la Ley Federal IDEIA. Existen una
serie de Leyes tanto federales como estatales que garantizan los
servicios a las personas con necesidades especiales en Puerto Rico,
más adelante desglosaremos algunas de estas leyes. Los servicios que
se le ofrecen a los estudiantes tienen que estar contemplados en el
Programa Educativo Individualizado (PEI), que es un documento
escrito por cada estudiante registrado en el Programa de Educación
Especial y para el cual se le ha determinado elegibilidad para
participar del programa. El mismo debe responder a las necesidades
educativas y de servicios relacionados del niño o niña con
impedimentos.
El COMPU es el Comité de Programación y Ubicación compuesto por una
por un grupo de individuos que utilizan la información obtenida en
las evaluaciones realizadas al estudiante para identificar las metas
y objetivos a trabajarse durante el año escolar y para especificar
los servicios relacionados, según las necesidades del estudiante y
las metas y objetivos contemplados en el PEI. El COMPU debe estar
formado por: los padres del estudiante, al menos un maestro(a) de
educación regular, al menos un maestro(a) de educación especial,
un(a) representante de la agencia pública que puede proveer o
supervisar la prestación de servicios, una persona que pueda
interpretar
las implicaciones educativas de las evaluaciones, otra persona que
conozca o tenga experiencia relacionada con las necesidades del
estudiante y el(la) estudiante de ser apropiado. (Manual de
Procedimientos Educación Especial, 2004).
Dentro de la educación especial existen variadas
estrategias que puede utilizarse para satisfacer las necesidades
individuales de nuestros(as) estudiantes. Lo que se conoce
comúnmente como “Mainstreaning” se refiere a que el estudiante es
integrado en la corriente regular, en periodos cortos, demostrando
su habilidad para mantenerse en la sala de clases regular. Además,
es también utilizado por los(as) maestros(as) de educación especial
en la alternativa de salón recurso de forma inversa. Éstos(as) se
integran a la sala regular de clases para trabajar de forma
integrada con los(as) maestros(as) de la sala regular de clases y
sus estudiantes registrados en el Programa de Educación Especial,
cuya alternativa de ubicación es el salón recurso y servicios
suplementarios.
A diferencia del “mainstreaming”, en la Inclusión los(as)
estudiantes permanecen en la sala regular de clases a la cual fueron
integrados(as), pueden continuar recibiendo los servicios de la
alternativa de ubicación de salón recurso y sus servicios
suplementarios. La inclusión es altamente criticada y malamente
definida y ejecutada. Ésta forma parte de las alternativas de
ubicación en las cuales se ubica al(la) estudiante con impedimentos
en el ambiente menos restrictivo acorde a su condición y nivel de
funcionamiento, y no en ningún ambiente especializado basado en su
impedimento (Halvorsen
y Neary, 2001).
Dentro de los beneficios de la inclusión se puede mencionar:
·
La educación en un ambiente heterogéneo
·
Material de apoyo por edad cronológica
·
Una escuela centralizada en el(la) estudiante con el propósito de
prepararlo(a) para participar en una sociedad diversificada e
integrada
·
El deber de la escuela es de enseñar la socialización y la
diversidad como un resultado significativo del proceso educativo
·
La oportunidad de que el(la) estudiante con impedimento sirva como
modelo para sus demás compañeros(as)
·
La ventaja por parte de éste(a) de aprender a vivir en un escenario
integrado y a desarrollarse hacia las diferencias individuales por
parte de sus compañeros(as), entre otras cosas.
Kochhar, West, y Taymans (2000) sacan de su investigación la
conclusión de que los beneficios de la inclusión en todos los grados
exceden con mucho las dificultades que esta conlleva. Por ejemplo:
-
Facilita un comportamiento social mas apropiado debido a las
expectativas elevadas en el salón regular.
-
Fomenta niveles de logro mayores o por lo menos tan altos como
los que se alcanzan en los salones separados.
-
Ofrece una amplia red de apoyo, incluso el apoyo social de parte
de los(as) compañeros(as) sin impedimentos.
-
Mejora la capacidad de los(as) estudiantes y los(as) maestros(as)
de adaptarse a estilos distintos de enseñar y aprender.
Los autores afirman además que los(as) estudiantes de educación
regular también se benefician de la inclusión. Para dichos
estudiantes, la inclusión:
-
Ofrece la ventaja de tener un(a) maestro(a) adicional o ayudante
que les asiste en el desarrollo de sus propias habilidades.
-
Resulta en una mayor aceptación hacia los(as) estudiantes con
impedimento.
-
Facilita el entendimiento de los(as) estudiantes con
impedimentos como no siempre fáciles de identificar.
-
Fomenta un mayor entendimiento de las semejanzas entre los(as)
estudiantes con impedimentos y sin ellas.
Los(as) maestros(as) de la sala regular de clases y los de educación
especial creen que existen barreras de conocimiento en las clases
inclusivas. En muchos casos, los(as) maestros(as) regulares no creen
que hayan recibido la preparación necesaria para trabajar con los(as)
estudiantes con impedimentos. Al contrario, los(as) maestros(as) de
educación especial podrían encontrarse en una situación de
desventaja al no tener preparación en las áreas de contenido de los
distintos grados, y se les podrían emplear así más bien en un papel
de consejeros(as). (Hines, 2003)
Las alternativas que pueden utilizarse para que la inclusión resulte
más efectiva son los acomodos razonables. Un acomodo razonable es la
forma en que se brinda a la persona con impedimentos modificaciones
o ayudas para que se desempeñe de forma satisfactoria en su ambiente
de trabajo o educativo de la manera menos restrictiva posible. Los
acomodos razonables varían de individuo en individuo y dependen del
impedimento que tenga la persona.
La transición es el proceso que debe facilitar al niño(a) con
necesidades especiales su adaptación o integración a un nuevo
ambiente. Las etapas de transición ocurren en intervención
temprana, en la etapa preescolar, escolar y previo a la vida
independiente, dónde se hace la transición hacia una educación
post-secundaria o a la vida laboral.
Lorissette Ortiz
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